Anarquistas caen en la trampa del Sistema y Visa quiere el mondex

A continuacion un dato muy interesante e importante posteado en la pagina de Rafael Palacios:

Anarquistas caen en la trampa del Sistema/ VISA quiere el chip / Errores médicos Nº1

 

Hace meses, os advertí del peligro de que las lógicas protestas ante las ayudas a los bancos derivaran en disturbios, que han comenzado en Grecia tras el asesinato de un joven (comprobado por testimonios oculares, no fue una “bala perdida”). El asesinato ha sido el detonante perfecto para los disturbios que los Iluminati-Bilderberg de la Comisión Europea necesitaban mientras deciden como imponer su Constitución y las ayudas a los bancos, además de criminalizar la natural ira ante la estafa que sufrimos a sus manos.
Estos disturbios artificialmente diseñados son la excusa perfecta para que muchas personas no se unan a las protestas y, así, dividir a la población.
Si alguno de estos bienintencionados activistas tuviera dos dedos de frente y se parara a relacionar las noticias, se daría cuenta de que, un día sí y otro también, en Inglaterra (sobre todo) aparecen absurdas noticias informando de que la policía, los militares, un ministerio o, incluso, los servicios secretos (MANDA COJONES) han perdido un pendrive o un cedé con datos de agentes, pensionistas o no sé qué tontería más. Ahora, resulta que el jefe de VISA, Joseph Sander, justo pierde todas sus tarjetas el día que va a dar una conferencia sobre el dinero de plástico “despertando las risas de los concurrentes”.
Si estos chicos pensaran, y supieran lo que venimos avisando desde hace años, sabría que todas esas noticias, el crack económico y del dólar y, por supuesto, sus propias algaradas, son el pretexto buscado -y diseñado- para la supresión de la moneda “contante”, la instauración ÚNICA del dinero electrónico y, cómo no, del chip en nuestros propios cuerpos donde todos esos datos….¡NO SE PODRÁN PERDER! (Al igual que nuestras mentes).
Lástima que esos chicos no lean Rafapal.com… (snif).
Más abajo, otra más de las noticias que no les contarán los medios, que los anarquistas y comunistas leen, como Diagonal, defensores de la medicina oficial y vilipendiadores de la alternativa.


*LOS TRATAMIENTOS MÉDICOS SON YA ¡LA PRIMERA CAUSA DE MUERTE!* * *
http://www.dsalud.com/numero65_2.htm
*Los tratamientos médicos constituyen ya la primera causa de muerte. Sólo en
Estados Unidos fallecen cada año más de 780.000 personas a causa de los
errores cometidos, entre los que destacan las cirugías innecesarias, los
errores de medicación, los efectos yatrogénicos de los fármacos y las
infecciones que se cogen en los propios hospitales. Los datos, demoledores,
demuestran la tragedia del paradigma médico tradicional.*
Se denominan* “efectos yatrogénicos” *o* “yatrogenia”* a las* “reacciones
adversas producidas como consecuencia del uso de medicamentos o de un
determinado tratamiento médico”.* Pues bien, el número de efectos
yatrogénicos está aumentando de tal modo en el mundo que cada año hay más
gente afectada -en muchos casos con resultado de muerte- a causa de los
tratamientos que les proponen sus médicos -en la mayor parte de los casos
por reacciones adversas de los fármacos que recetan, sean o no los
“adecuados” para la patología del enfermo-, por infecciones adquiridas en
los propios hospitales -hoy día auténticos y peligrosos focos masivos de
contagio-, por operaciones quirúrgicas innecesarias o por ignorancia o falta
de conocimiento, formación y experiencia de los profesionales sanitarios.
El problema para saber la gravedad de esta situación en nuestro país es que
aquí no existe un organismo que contabilice a nivel nacional el número de
casos. ¿Por qué? Pues porque el conocimiento público de esos datos no
interesa ni a los médicos, ni a las enfermeras, ni a los directores médicos
y administrativos de los hospitales, clínicas y centros de asistencia
sanitaria, ni a las compañías farmacéuticas, ni a los colegios y otras
entidades en que se agrupan los distintos profesionales de la salud. Ni
siquiera a las autoridades sanitarias. Y es que hay datos que si no se
ocultaran harían tambalear todo el sistema. Así que para conocer la realidad
del problema tendremos que aproximarnos a los datos de algunos de los países
con los que compartimos nuestra devoción por una medicina cada vez más
basada en el medicamento y la tecnología.
*MUERTE A TRAVÉS DE LA MEDICINA*
Hace no mucho tiempo un grupo de investigadores, a instancias de *Nutrition
Institute of America* -una organización no lucrativa norteamericana-, se
propuso conocer el alcance del problema en Estados Unidos. Pues bien, el
estudio -desarrollado por *Fary Null, Carolyn Dean, Martin Feldman, Debora
Rasio *y* Dorothy Smit*- sería publicado a finales del pasado año bajo el
título Death by Medicine y en él, a través de una revisión pormenorizada de
investigaciones realizadas en todo el país, diarios médicos y estadísticas
gubernamentales se llegaría a la conclusión de que *”la medicina
norteamericana causa más daño que beneficio”. *Y datos no les faltan para
soportar tan dura afirmación porque resulta que durante el año 2001, sobre
una población de 278 millones de personas:
-Fueron hospitalizados sin necesidad 8,9 millones de estadounidenses.
-2,2 millones de enfermos sufrieron reacciones adversas mientras estaban en
el hospital a causa de los medicamentos que se les prescribió.
-Se prescribieron numerosos antibióticos sin necesidad. El Dr.* Richard
Besser* -miembro del Centro de Control de Enfermedades (CDC)- afirmó ya en
1995 que el número de antibióticos innecesarios prescritos entonces
anualmente para infecciones virales alcanzaba los 20 millones. En el 2003 el
propio Dr. Besser situaba la cifra en ¡varias decenas de millones! Y,
-Se efectuaron 7,5 millones de actos médicos y quirúrgicos innecesarios.
Las cifras, evidentemente, son escandalosas. Pero donde el repaso
estadístico resulta ya devastador es en el número total de muertes causadas
por el mal funcionamiento del sistema. Y es que por causas yatrogénicas
murieron en Estados Unidos en sólo un año *783.936 personas.* Según la
investigación, por las siguientes causas:
-Reacciones adversas a los medicamentos en los hospitales: 106.000
-Reacciones adversas a los medicamentos de carácter extrahospitalario:
199.000
-Úlceras mal tratadas: 115.000.
-Malnutrición: 108.000.
-Errores médicos: 98.000.
-Infecciones: 88.000.
-Procedimientos innecesarios: 37.136.
-Problemas relacionados con la cirugía: 32.000.
A la vista de sus propios datos, los autores llegan a afirmar: *”Es evidente
que el sistema médico americano es la causa principal de muerte y lesión en
Estados Unidos. En el 2001 la mortalidad anual por enfermedades del corazón
fue de 699.697 personas mientras la mortalidad por cáncer alcanzó las
553.251 personas”. *
Cabe añadir que el trabajo aporta además la fría cifra del coste que la
yatrogenia tiene para el sistema sanitario norteamericano:* ¡282.000
millones de dólares anuales¡*
Los autores hacen también una extrapolación a diez años a partir de las
cifras más conservadores de las estadísticas utilizadas -algunos autores
emplean en sus trabajos factores de multiplicación que podrían haberlas
hecho variar al alza- y aun trabajando con los datos más conservadores el
número de fallecidos en una década será de ¡7,8 millones de personas! Mucho
más que la suma total de norteamericanos fallecidos en los conflictos
bélicos que ha mantenido Estados Unidos a lo largo de toda su historia.
Las cifras pueden parecerles exageradas a algunas personas pero en realidad
sólo reflejan los actos yatrogénicos *reportados *y se calcula que éstos no
llegan al 20% de los ocurridos realmente, según señalan diferentes estudios
citados por los propios autores de la investigación.
Es más, los autores de Death by Medicine afirman que su estudio -y, por
tanto, sus cifras- no está completo ya que aún deben cuantificar la
morbilidad, mortalidad y pérdida financiera consecuencia de otros factores
que deberán añadirse a los del actual estudio: exposiciones radiológicas,
uso excesivo de antibióticos, medicamentos carcinógenos, uso de la
quimioterapia, cirugía innecesaria, terapias insuficientemente probadas y
otros. Se hace difícil imaginar la cantidad final de fallecidos una vez
contabilizados todos los factores…
Es evidente que cuando las cifras son de tal magnitud hablan por sí mismas.
Quizás por ello el capítulo de Conclusiones del estudio es breve y se limita
a señalar: *”Cuando la causa número uno de muerte en una sociedad es el
sistema de protección de la salud entonces tal sistema no tiene excusa
alguna para abordar sus propias limitaciones urgentes. Es un sistema fallido
que precisa de atención inmediata. Lo que nosotros hemos perfilado en este
documento refleja aspectos insoportables de nuestro sistema médico
contemporáneo que necesita ser reformado desde sus mismos cimientos”.*
Lo más dramático es que esta realidad se vive en silencio en todas partes. Y
es que los datos e historias individuales, en tanto afectan a personas
desconectadas entre sí y no se registran ni publican, suelen pasar
desapercibidas para la gran mayoría de los ciudadanos que no viven esas
tragedias en sus carnes.
*UN PROBLEMA EN AUMENTO*
*Death by Medicine* es la recopilación más exhaustiva de variantes sobre
atención médica realizada hasta el momento. Sin embargo, sería el
doctor*Lucian L. Leape
* -uno de los mayores expertos a nivel mundial en errores médicos- quien
abriría en 1994 la caja de Pandora con un artículo titulado *El error en
Medicina*. En él reveló que en 1984, en el estado de Nueva York, hubo un 4%
de dolencias yatrogénicas entre los pacientes ingresados siendo del 14% la
mortalidad. Y extrapolando esas cifras llegaría a la conclusión de que en
Estados Unidos morían al año 180.000 personas por yatrogenia. Más tarde -en
1997- el propio Leape reconocería que las muertes anuales podrían ser en
realidad 420.000 sólo entre los pacientes ingresados en hospitales, es
decir, sin incluir a quienes fallecían en sus hogares por efectos adversos
colaterales de medicamentos o como resultado de distintos procedimientos
médicos.
En 1999 la conciencia americana experimentaría un cierto alivio al publicar
el *Instituto de Medicina *otro trabajo titulado* Errar es humano *que
estimaba la cifra de muertos por errores médicos bajo criterios más
conservadores: entre 44.000 y 98.000. Aún así, *William Richardson*,
responsable del comité que redactó el informe, afirmaría: *”Estas
extraordinariamente altas proporciones de errores médicos, causa de muertes,
invalidez permanente y sufrimiento innecesario, son absolutamente
inaceptables en un sistema médico cuya primera promesa es ‘no hacer daño’”.*
Un nuevo estudio publicado posteriormente -en diciembre de 1999- en
el*Journal of the American Medical Association (JAMA)
* situaba la yatrogenia como la tercera causa de muerte en Estados Unidos. Y
es que el trabajo realizado por la doctora *Barbara Starfield *-de la *Escuela
de Higiene y Salud Pública John Hopkins*- situaba ya entonces la cifra de
muertos anuales en 250.000. Hoy, como ya hemos visto, sólo cuatro años
después, el informe* Death by Medicine *eleva esa cifra a 783.936 personas
acusando al sistema médico de ser ya ¡la primera causa de muerte!
¿Alguien cree que lo que sucede en Estados Unidos no es extrapolable al
resto de los países occidentales?
*INGLATERRA Y CANADÁ*
Otro estudio, esta vez realizado el año 2001 por investigadores del *University
College* de Londres, concluyó que casi 70.000 pacientes morían al año como
resultado de los *”incidentes adversos” *que sufrían durante su estancia en
el hospital; y desde luego, no se incluían todas las variables de Death by
Medicine. A esa cifra hay que sumar que uno de cada diez pacientes admitidos
en un hospital británico sufre -según el informe- un empeoramiento en su
estado de salud no justificable por el progreso natural de su dolencia; la
mitad de ellos al menos estaba claramente causada por errores médicos de
algún tipo.
*George Alberti*, presidente del *Royal College of Physicians*, escribió en
un editorial adjunto al informe que la “cultura del reproche” ha conducido a
doctores y enfermeras a no reconocer los propios errores. Y añadía: *”Si
queremos aprender de los errores necesitamos saber tanto como sea posible
para que puedan tomarse las oportunas acciones correctoras… Las principales
causas de los ‘incidentes adversos’ están relacionadas con errores
operativos, medicamentos, procedimientos médicos y diagnósticos. Y todo ello
es posible prevenirlo”. *
El año 2000 se realizó también en Canadá -por primera vez- un estudio
similar después de que dos enfermos de diálisis murieran como consecuencia
de un tratamiento equivocado. Bajo la supervisión de la Universidad de
Calgary, el doctor e investigador *Peter Norton* y otro colega suyo
publicaron *Adverse* *Events Study*, un trabajo en el que indicaban que
durante el año 2000 se podrían haber evitado entre 9.250 y 23.750 muertes
hospitalarias. Casi una de cada 13 personas ingresadas en los hospitales ese
año experimentó algún tipo de “incidente adverso”. También en este caso se
incidió en que para conseguir que no vuelvan a ocurrir errores era preciso
cambiar la “cultura” que dentro de la comunidad médica impide a los
profesionales informar de ellos. Porque en buena medida es en la información
donde radica el problema.
*LA “CULTURA DEL ERROR” *
Todos los estudios citados sobre yatrogenia coinciden en dos datos
fundamentales: la importancia del problema y la necesidad de cambiar la
“cultura médica” al respecto. Según se recoge en *Death by Medicine*, *Janet
Heinrich*, directora asociada de la *U. S. General Accounting Office *(Oficina
de Contabilidad General americana, responsable de la financiación de la
salud pública), reconoció durante una comparecencia suya ante un subcomité
del Congreso estadounidense sobre errores médicos que *”recoger la
información válida y útil sobre ‘incidentes adversos’ es sumamente difícil”.
*Explicando ante el Congreso que el miedo a ser culpado y afrontar
consecuencias legales juega un importante papel a la hora de entender la
escasa información sobre los incidentes yatrogénicos o adversos. La
propia*Asociación Médica Americana
* se opone -según denunció* The Psychiatric Times*- a la obligatoriedad de
informar sobre los errores médicos. A partir de aquí es fácil de entender
que si los médicos no informan,. tampoco los auxiliares de enfermería o
personal clínico van a ser los primeros en dar un paso adelante. De hecho,
en un estudio titulado *Análisis cualitativo sobre las actitudes del
observador en la decisión de informar o no sobre conductas inmorales *se
concluía que el colectivo de enfermeras tampoco informaba de los errores
médicos… por miedo a represalias.
Incluso cuando hay un mecanismo previsto -como puede ser el seguimiento de
reacciones adversas a la medicación en nuestro país- la información puede
ser incompleta. En primer lugar, por el propio desconocimiento del
funcionamiento del medicamento y de su amplia gama de interacciones
negativas lo que dejaría ocultas, a ojos de los propios prescriptores, las
consecuencias yatrogénicas de los mismos. Pero también por el propio temor a
ser demandado por quienes sufren el daño del medicamento prescrito.
La solución propuesta por la propia clase médica es “la despenalización del
error”. *Ramón Trias Rubiés*, cirujano y ex presidente del Colegio Oficial
de Médicos de Barcelona, resumía en su discurso de ingreso en la Real
Academia de Medicina de Cataluña la postura de los médicos: *”Si el error se
penaliza legal o socialmente -afirmó- los fallos se esconderán
sistemáticamente y, al no analizarlos, se seguirán produciendo (…) La
cultura en que vivimos señala el error como un hecho punible y culpabiliza
al protagonista. En ese contexto es muy fácil caer en la tentación de
ocultar o de no comunicar la existencia de un error para evitar el castigo
y, sobre todo, la culpa. Es evidente que la ocultación obstruye el análisis
y, por tanto, hace difícil detectar y aplicar métodos dirigidos a evitar
reincidencias”.*
Por supuesto, la percepción sobre la existencia de errores cambia cuando se
les garantiza el anonimato a los médicos. Así lo demostraron el doctor *Robert
M. Wachter* -Jefe del Departamento de Medicina de la Universidad de
California en San Francisco- y su colega *Kaveh G. Shojania* quienes, tras
la publicación del informe anteriormente citado, decidieron publicar una
serie de artículos en *Annals of Internal Medicine* en los que, tras
dialogar con médicos por todo el país y después de garantizarles el
anonimato, abordaron el tema de los errores médicos desde casos reales en un
intento de prevenir nuevos fallos. Entonces apareció una verdad diferente:
intervenciones invasivas en pacientes equivocados, amputaciones en miembros
sanos, operaciones cerebrales en el lado equivocado, muertes de pacientes
por dosis equivocadas de medicamentos… Grandes errores fruto de una cadena
de pequeñas equivocaciones y pequeños errores siempre fáciles de justificar
ante el paciente. Aún hoy día es posible consultar en la revista casos
concretos en los que, respetando el anonimato de los protagonistas, se
analizan de manera detallada los errores cometidos. Puede que los médicos se
crean de verdad que apenas hay errores o puede que traten de protegerse.
También puede que los laboratorios tampoco estén interesados en llegar hasta
el fondo, por razones obvias. Y puede que los gerentes de los hospitales
tengan sus dudas por no enfrentarse a su cúpula médica… pero, ¿y las
administraciones públicas?
*ESPAÑA ES DIFERENTE*
Por supuesto, también en esto *”España es diferente”.* Porque aquí nada de
eso pasa; al menos, así lo parece. En nuestro país el análisis global del
problema de la yatrogenia no se ha abordado con la atención que comienza a
prestársele en el exterior… ni parece que haya intención de hacerlo. Y eso
que la propia Agencia Nacional de Medicamentos reconocía en la nota citada
sobre el *Metatroxato *que* “en diferentes intervenciones llevadas a cabo en
nuestro entorno -¿por qué no se han hecho todavía en España?- se ha estimado
que entre un 4% y un 6% de los ingresos hospitalarios se producen por
errores de medicación”. *En todo caso, existen algunos estudios parciales;
por ejemplo, el de la *Evolución de la Prevalencia de las Infecciones
Nosocomiales en los Hospitales Españoles (EPINE) *según el cual un 6,8 % de
los pacientes hospitalarios ha sufrido alguna infección nosocomial. El
problema es que se trata de estadísticas incompletas que no acaban de
profundizar en la gravedad del problema, ni de cuantificarlo en vidas y
dinero. Claro que en España el Ministerio de Sanidad y Consumo considera
transferidas esas competencias a las comunidades autónomas, cada cual va en
su propia dirección y los ciudadanos tienen cada vez más dificultades para
reclamar legalmente cuando son damnificados.
Normalmente es el paciente o la familia que le sobrevive quien decide
iniciar las acciones oportunas de reclamación de daños o de presentación de
quejas. Eso siempre y cuando sea consciente de que se ha cometido un error
lo cual no es fácil en determinadas ocasiones. La absurda confianza ciega en
los médicos propicia la ignorancia que todos parecen querer mantener como
estado ideal donde todo funciona… hasta que a uno “le toca la china”. En
ese momento sólo queda recurrir a alguna de las dos asociaciones dedicadas a
ayudar a quienes han sufrido un presunto error médico: la *Asociación El
Defensor del Paciente* (ADEPA) -que afirma haber recogido el año pasado casi
12.000 reclamaciones de las que 514 correspondieron a personas fallecidas
por presunta negligencia médica y 102 a bebés que nacieron con alguna
discapacidad por mala atención en el parto- y la *Asociación de Víctimas de
Negligencias Médicas (AVINESA), *miembro de la* Federación Europea contra
las Negligencias Médicas* que destaca, por su parte, el escaso apoyo oficial
que reciben los afectados en su largo peregrinar a la hora de buscar
Justicia. Más de diez años tardó por ejemplo la presidenta de esta
asociación, *María Antonia del Moral*, para que la Justicia -y por la vía
civil- la diera la razón en el pleito iniciado tras la muerte de su hermana
en un quirófano mientras era operada por un cirujano que utilizaba un
instrumental siguiendo las instrucciones de representantes de una
multinacional médica presentes en el quirófano durante la intervención sin
tomar las mínimas medidas de asepsia. Nada consiguió entonces por la vía
penal y aunque su asociación respalda y orienta a todo aquel que considera
que debe recurrir a ella siempre que haya una muerte lo cierto es que nos
reconocería que la vía penal es estéril; años y años de lucha, normalmente
para nada. Lo más fácil y habitual sigue siendo buscar un “arreglo”
económico (las vidas humanas ya se “cotizan” en el mercado sanitario
dependiendo su valor del precio establecido en cada país).
La búsqueda de Justicia en el ámbito sanitario es hoy una empresa teñida de
dolor y desesperación que la mayoría de las veces se sabe inútil al
iniciarla.* “Los mejores abogados que tienen los médicos son los jueces”*,
nos diría en varias ocasiones Mª Antonia Del Moral: procedimientos que se
dilatan, denuncias que se rechazan sin esperar siquiera el informe del
forense, avisos a la familia para que no lleven a los medios de comunicación
las que ellos consideran muerte por negligencia o sentencias que se
resuelven a menudo en breves minutos a favor de los médicos tras el juicio
incluso existiendo testigos y peritos que contradicen tal “inocencia”. La
cuestión es clara: en nuestro país es poco menos que imprescindible
demostrar que había *intención clara de matar *para conseguir la condena
penal de un médico por negligencia. Y es que si bien existe cada vez menos
corporativismo entre los peritos médicos a la hora de pronunciarse y que en
ocasiones incluso aportan datos reveladores e importantes a los abogados de
forma anónima… el corporativismo está muy lejos de haberse superado.
*”Nadie investiga en ese tema *-nos diría Mª Antonia Del Moral- *pero la
Real Academia Española de Medicina y Cirugía no ha hecho ningún informe
favorable a los pacientes”.* Además, no resulta fácil precisamente acceder a
la documentación. La presidenta de AVINESA recuerda que para conseguir los
papeles que precisó en su caso estuvo encerrada en el hospital, encadenada
en el Ministerio y llegó a utilizar una garrafa de gasolina como “argumento”
para conseguir los informes que necesitaba ante la Justicia. Lamentablemente
las soluciones, cuando llegan, no pasan de ser respuestas a problemas
individuales, sin repercusión, al tomarse de forma aislada.
Lo demuestra fehacientemente que ninguna administración -ni estatal, ni
autonómica- se ha interesado nunca en dialogar con cualquiera de las dos
asociaciones sobre los problemas derivados de los incidentes adversos o
yatrogénicos. Sólo ahora, después de la contaminación con el virus de la
hepatitis C de ocho pacientes en el Hospital de Alcorcón, la Comunidad de
Madrid se ha comprometido a poner en marcha un *Observatorio* que se
encargue de registrar los incidentes adversos ocurridos en la Sanidad
madrileña. Veremos en qué queda la promesa y si se ponen los mecanismos para
el seguimiento de los mismos. Porque hasta ahora todo se ha reducido a
pésames, disculpas -cuando se dan- y buenas palabras. De ahí que AVINESA
reclame la creación de un observatorio a nivel estatal similar al que se va
a crear a nivel europeo que nos permita conocer cuántos incidentes adversos
se producen en España al año, cuántas personas mueren a consecuencia de
ellos, qué se hace para evitarlos y cuánto le cuestan a las arcas públicas.
Quienes hoy discuten el copago harían bien en leer estas líneas de las
conclusiones del estudio realizado en la Universidad de Salamanca sobre
ingresos hospitalarios motivados por incidentes medicamentosos. Sólo de
incidentes, no habla de muertes. Y sólo por medicamentos, no debido a otras
causas: “*Se puede concluir con rotundidad que los ingresos motivados por
medicamentos consumen una parte no desdeñable de los presupuestos destinados
a la sanidad en los países desarrollados”. * A ver, ¿quién se anima a hacer
números en serio en nuestro país? Mientras tanto no estará de más atender a
las respuestas de una encuesta realizada entre adultos en Estados Unidos
sobre las mejores soluciones para evitar los incidentes adversos. Porque
están llenas de lógica. Así, se consideraron muy eficaces las siguientes
medidas:
-Dar a los médicos más tiempo para estar con los pacientes: un 78%
-Requerir a los hospitales el desarrollo de sistemas para evitar errores
médicos: el 74%.
-Una mejor preparación de los profesionales de la salud: un 73%
-La exigencia de que en las unidades de cuidados intensivos (UCI) sólo haya
especialistas: un 73%
-Que los hospitales informen de todos los errores médicos serios a alguna
agencia estatal: el 71%
-Aumentar el número de enfermeras en el hospital: un 69%.
-Reducir las horas de trabajo de los médicos en prácticas para evitar la
fatiga: el 66%.
En suma, el desmesurado gasto sanitario debería empezar a controlarse
impidiendo que el dinero se despilfarre en tratamientos médicos casi
exclusivamente paliativos o sintomáticos y, con demasiada frecuencia,
yatrogénicos. Va siendo hora de acabar de una vez con esta lamentable farsa.
*Antonio F. Muro*




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1 comentario:

  1. lavolaitai iibiuenos losa temas hermano buneos lotemas pu son capo ustedes iqelagente crea paqesealven pu igulaiaiyiudacaleta sto

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